El equipo blanco aguanta el ritmo de Atlético y Barcelona en la cabeza tras golear a un paupérrimo Getafe. Benzema, Modric y el canario pusieron los tantos visitantes.
Le tocaba esta semana al Real Madrid jugar después de Atlético y Barcelona, con la presión que suponía saber que no podía fallar para continuar en la cabeza de la tabla. Sin embargo, esa tensión apenas le duró cuatro minutos a los pupilos de Ancelotti. Lo que tardó Jesé Rodríguez en batir a Moyá. Un gol que rompió por completo el encuentro, decantado totalmente del lado merengue desde ese momento hasta el final. El Getafe no pudo hacer nada para evitarlo. Por momentos, pareció que ni siquiera quiso, firmando un papel casi bochornoso, reflejo de la racha negativa que acusa desde hacía semanas. Benzema marcaría el segundo a la media hora, y Modric firmaría el tercero mediada la segunda parte cuando la historia del partido estaba ya más que escrita. La de una victoria más que plácida para los blancos.
No había dado tiempo siquiera a que todos los espectadores tomaran asiento en el Coliseum Alfonso Pérez, cuando el Real Madrid se adelantó en el marcador. El Getafe tenía el culo pegado en su línea del área, y una jugada embarullada en el centro del campo dio con la apertura de Gareth Bale hacia un Jesé que se fue internando en el área azulona desde la esquina izquierda hasta encontrar el hueco justo para batir a Moyá con un disparo cruzado. Valera no encimó suficientemente bien al canario, y el cancerbero ya no pudo hacer nada ante el talento del ‘20’ merengue, cuyo estado de gracia no parece ya algo casual.
Y es que después del segundo gol, el partido ya sí que no tuvo historia ninguna pese a quedar una hora por delante, con un Getafe totalmente entregado y un Real Madrid que pudo permitirse levantar el pie del acelerador. Gareth Bale pudo marcar antes del descanso. Igual que Di María al cuarto de hora de la reanudación. Pero sería Luka Modric finalmente el que pusiera el 0-3 en el marcador. De un tiro lejano que entró pegado al palo de Moyá. La tranquilidad para que Ancelotti terminara dando minutos a los Illarramendi, Isco o Casemiro sin temer en ningún momento por la derrota. No lo parecía a priori, y mucho menos desde que el balón empezara a rodar.

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