Un autogol del jugador azulgrana se ha traducido en otra nueva derrota en el feudo donostiarra
La primera jornada de 2015 dejaba otro partidazo en Anoeta entre la Real Sociedad y el Barcelona en un estadio en el que tanto Madrid como Atlético sufriendo sendas derrotas esta temporada. Tarea complicada para los de Luis Enrique para empezar el año. Más difícil todavía con las decisiones del técnico asturiano de dejar en el banquillo contra todo pronóstico a Messi y Neymar. Palabras mayores. Demasiado riesgo y más si cabe cuando en el minuto dos de partido Jordi Alba marcaba en su propia portería en su intento de despeje. La cara de Luis Enrique era todo un poema. Tocaba remontar sin sus dos grandes figuras sobre el tapete.
Con el marcador a favor la Real Sociedad dio un pase atrás y cedió el monopolio del balón a los azulgrana. Un monopolio que era totalmente estéril porque los culés no encontraban la forma de hacer daño a la zaga donostiarra en sus continuas acometidas. El primer aviso serio de los de Luis Enrique llegó tras un lanzamiento de falta directo de Xavi que sobrepaso el larguero. Los minutos se sucedían con el balón en poder azulgrana pero sin que los txuri-urdin vieran peligrar en exceso su ventaja en el marcador. El juego tenía lugar en campo de los de Moyes pero las ocasiones claras de los de Luis Enrique brillaban por su ausencia.
Pedro tenía su oportunidad en una contra comandada por Luis Suárez pero el canario mandó su zurdazo muy lejos de la meta de Rulli. Los culés no encontraban la forma de penetrar la muralla realista y echaban en falta las genialidades de Messi y Neymar. Los locales tuvieron su opción tras una gran jugada de Canales, que dejó sentado a Montoya y se topó con Bravo en su camino hacia el gol. La última de la primera mitad fue para Pedro con un zapatazo desde la frontal que cogió un efecto vertiginoso y a punto estuvo de sorprender a Rulli.
Tras el descanso Luis Enrique tiró de sentido común y recurrió a Messi para dar la vuelta al marcador. El sacrificado fue Munir, que completó una floja primera mitad. La entrada del argentino se suponer que debía aportar mayor velocidad y capacidad de sorpresa al ataque de los azulgranas pero eso no es lo que se vio en el inicio de la segunda mitad. Los culés seguían siendo igual de previsibles, incapaces de poner en aprietos a Rulli. Luis Enrique era consciente y decidió echar el resto metiendo a Neymar por Pedro.
Con su tridente sobre el campo el Barça comenzó a tener algo más de profundidad. Messi estuvo a punto de empatar en una buena internada que tapó de forma providencial Iñigo Martínez. La sensación de peligro era cada vez mayor por parte de los catalanes pero el gol no terminaba de llegar. El tiempo se empezaba a agotar y las prisas llegaban a los jugadores culés. La Real se defendía con uñas y dientes agotados por el esfuerzo que estaban realizando. Le restaban quince minutos de infarto a los aficionados realistas.
El Barça lo intentó hasta el último minuto mientras la Real apretaba los dientas e intentaba arañar el máximo tiempo posible al crono. Los azulgrana tiraron de corazón en los últimos compases y pudieron empatar con un cabezazo de Luis Suárez que desvió a una mano Rulli. La última tuvo también los mismos protagonistas. El delantero uruguayo se plantó ante Rulli, que se hizo enorme para quitarle el balón limpiamente con una magnífica mano abajo. La Real consigue ganar en casa a los tres grandes y plantea muchas dudas en el Barça de Luis Enrique.

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