El Sevilla puso ocasiones y el Madrid acierto en un choque en el que la presión alta de los visitantes sorprendió al equipo de Ancelotti
Madrid y Sevilla brindaron un buen partido en el que hubo goles, espectáculo, tensión y desacierto. Un choque
que en la primera mitad ya terminaba con tres lesionados. El único de ellos del Sevilla, Beto, tuvo que ingresar en un centro hospitalario de la capital con un traumatismo craneoencefálico. Al final, la victoria fue a parar al que tuvo más acierto.
Llegó al Bernabéu, leyó bien en dónde se iba a decidir el partido, jugó durante 25 minutos muy bien al fútbol y tuvo varias ocasiones de gol bastante claras. Además, se lesionaron Ramos y James. Nada le podía haber ido mejor al Sevilla de no ser porque, entre medias de ese ramillete de buenas intenciones, James abría la lata. Siguió el Sevilla a lo suyo, pero el segundo gol, de Jesé, fue demasiado.
Y desde ahí cambió el Sevilla, que perdió los nervios en la recta final de la primera mitad y se mostró excesivamente agresivo fruto de la desesperación. Ni Bacca, ni Kolodziejczak ni tampoco Iborra en una de sus llegadas pudieron acertar frente a un equipo ante el que se penaliza cualquier mínimo error.
Por el camino ya estaba el gol de James tras centro de Marcelo desde fuera del área. Los hispalenses se quedaron a medias al intentar tirar el fuera de juego y, tras botar, el colombiano envió al segundo palo frente a un Beto cegado. Octavo gol del mediapunta en lo que va de Liga, más que los que logró Di María en cada una de las cuatro temporadas que estuvo en la disciplina blanca.
Antes del segundo gol del Madrid incluso Beto se lesionó después de que Benzema llegara tarde, muy tarde, a un balón que claramente era posesión del cancerbero. El golpe le costó a Beto ser retirado en camilla. Tercera lesión en una primera mitad movida.
Todo lo contrario que una segunda parte que daba la impresión de que iba a seguir otra rutina. Como en un plato de baja cocina, parecía que poco había que exprimirle al encuentro para el aficionado sevillista. De hecho, el Madrid goteaba dosis de buen fútbol y el tercer gol estaba al caer.
Pero no llegó y sí que Emery quemó sus naves. El Real Madrid se desconectó y el Sevilla volvió a aproximarse a través de Vicente Iborra, en una posición más adelantada de lo habitual, y que de esa forma se convirtió en el mejor de los andaluces ayer.
Los pupilos de Emery habían pasado de, prácticamente pedir la tregua, a volver a las trincheras y a buscar la confrontación como ya habían hecho en el tramo inicial del partido. Y tras quemar balas –nunca una expresión fue más apropiada porque el equipo visitante falló muchísimo más de lo que cualquiera se puede permitir ante el Madrid- acabó Iago Aspas encontrando portería.
El choque se volvió tonto para el Madrid, que ni tenía el balón ni tampoco mostraba suficiente sobriedad defensiva. No obstante, para aquel instante su único titular en la zaga era Marcelo, que precisamente vio la cartulina amarilla y se perderá el encuentro ante el Atleti. Lo intentaron los hispalenses y estuvieron cerca más por desacierto rival que por atino propio.
Como sucedió el día del Córdoba, el Madrid se lleva tres puntos en un choque en el que se podía haber dejado alguno. Victoria y en un partido en el que no se roza la brillantez, un binomio que ha de cumplir cada temporada en varias ocasiones el equipo que finalmente lograr el campeonato.

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