Los colchoneros fueron de más a menos y acabaron sufriendo ante unos valencianos que sacaron un punto merecido del Vicente Calderón
El Calderón se vestía de gala para recibir al Valencia, el conjunto que amenazaba el tercer puesto en liga a los rojiblancos. Espadas por todo lo alto en un choque que valía más que tres puntos y en el que estaba en juego una buena parte del futuro en la temporada de ambos conjuntos. Los rojiblancos se aferraban al fortín de su estadio y a su afición para conseguir una victoria que supondría un importante puñetazo sobre la mesa en la lucha por la ansiada tercera plaza.
El Atlético, fiel a su estilo, intentó apretar desde el minuto uno jugando cerca del área valencianista. Poco le duro el ímpetu inicial a los de Simeone ante un conjunto che que poco a poco se fue sacudiendo los nervios iniciales. El partido se forjaba en la medular, lejos de las áreas, lo que provocaba que las ocasiones de peligro no se hiciesen efectivas. La batalla táctica en el centro del campo no se decantaba para ningún lado y ambos conjuntos se atascaban cuando superaban la zona de tres cuartos.
El encuentro se llenó de interrupciones y las llegadas más peligrosas llegaban en acciones a balón parado, en su mayoría a favor de los rojiblancos. El problema es que los de Simeone han perdido ese aroma a temor que generaban en las defensas rivales en el primer tercio de temporada cada vez que gozaban de una acción a balón parado. Apenas sufría el Valencia.
El partido continuaba por los mismos derroteros. Mucha intensidad, poco control y falta de precisión por parte de ambos a la hora de elaborar el juego. No ayudaban nada las constantes faltas que interrumpían una y otra vez el ritmo del partido. Las ocasiones eran muy escasas pero la sensación de peligro corría siempre a cargo de los de Simeone. El Valencia era incapaz de acercarse a los dominios de Moyá, un espectador más en la primera mitad. Cuando el gol parecía lejos de llegar, el Atlético volvió a encontrar un aliado en el balón parado. La pizarra de Simeone volvió a dar sus frutos. Balón colgado al área por Gabi que gana de cabeza Torres y que Tiago deja de cara con el hombro para que Koke fusile a Diego Alves en el minuto 36. El tanto no provocó reacción alguna en un Valencia apático, muy lejos de su versión habitual.
Tras el descanso los del Turia se vieron obligados a adelantar sus líneas y a buscar un fútbol más directo en busca de la meta de Moyá. A pesar de ello, el guión del partido no varió en el inicio de la segunda mitad lo que favorecía los intereses de los madrileños. El Valencia generaba algo más de peligro pero sin llegar a incomodar a Moyá. El trabajo de los de Simeone impedía a los che encontrar el ritmo al que están acostumbrados a jugar. Nuno era consciente y comenzó a mover el banquillo buscando otras alternativas. Entraron Rodrigo y André Gomes para buscar un mayor control del juego y más verticalidad arriba.
Lejos de conseguirlo fue el Atlético quien tuvo la oportunidad de sentenciar el partido en una ocasión inmejorable de Tiago. El portugués hizo fácil lo difícil y envió al larguero un remate en el área pequeña y sin oposición. El Atlético perdonó el que hubiese significado el mazazo definitivo para los che. Y como suele ocurrir en estos casos, quien perdona lo acaba pagando. Eso fue lo que ocurrió cuando en el tramo final Mustafi aprovechó un centro de Parejo que rechazó en el larguero para fimar el 1-1. El Atlético intentó apretar en el tramo final, especialmente tras quedarse con diez el Valencia en el 89' por doble amarilla sobre Javi Fuego, pero no dio tiempo a más. Reparto de puntos que deja las cosas como estaban antes del choque y que deja mejor sabor de boca a los de Nuno. La batalla por el tercer puesto se antoja reñida.

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