El juego-control bávaro fue suficiente ante la incapacidad 'gunner' de crear peligro. Los cuartos de final esperan a Pep Guardiola
Flojo partido de dos conjuntos que parecen condenados a encontrarse en los octavos de final de la máxima competición europea. El Arsenal regresaba a Múnich con un resultado adverso, como el curso pasado, con la diferencia de que en esta ocasión nunca ha tenido opciones de voltear la eliminatoria, ante un Bayern mucho más dócil de lo que nos tiene acostumbrados.
Arrancaba el partido con el respeto propio de dos equipos que querían medirse antes de entrar en combate, a pesar de ser viejos guerreros conocidos. El Bayern estaba en su salsa, en el partido deseado, con el control del balón y el rival aparentemente domesticado. La eliminatoria estaba de cara merced a la sustancia ventaja traída de Londres. Bajo esa seguridad, los bávaros avanzaban metros sigilosamente. Esperando su momento.
El cambio de Özil, tras el descanso, señalaba al germano como responsable de no mover al equipo 'gunner'. Un duro palo para el jugador, cuyo juego se ausentaba de nuevo en una cita importante. Una cita que variaba su marcador en estos 45 minutos. Primero, a través de un error de la defensa inglesa que no era capaz de frenar a Ribery por banda y menos de sostener a Schweinsteiger en la frontal, quien remataba a placer.
Acto seguido, una pared de Lukas Podolski con Giroud, con la colaboración de Lahm, hacía que el ex del Colonia -y del propio Bayern- sacara a relucir su rabia al fusilar a Neuer por la escuadra. El empate ofrecía una leve dosis de optimismo en los visitantes y un aviso a los locales, los cuales rescataban el culto a la posesión como clave para conseguir el éxito. Suficiente para hacer morir el duelo y dejar agonizar al reloj.
El cansancio asomaba en el horizonte del mismo modo que el equipo de Arsène Wengerdesaprovechaba la enésima opción de crecer en Europa. Una imagen más triste y gris, esta vez sin armas, sin mordiente en el ataque. Entregado ante un Bayern más apático que de costumbre que necesita poco para solventar los encuentros y que pudo vencer a través de un penalti lanzado por Müller, en el último suspiro, parado por Fabianski tras pasearse el balón por línea de gol.

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