Tras dos derrotas, el equipo de Emery vuelve a sonreir ante su gente. En Nervión, los goles fueron obra de Krychowiak (luego expulsado), Bacca e Iborra
A pesar de que el Sevilla acumulaba dos derrotas consecutivas en la Liga y que el Córdoba necesitaba los tres puntos para salir del descenso, el planteamiento de Miroslav Djukic tuvo poco que ver con una salida a buscar la portería rival.
Excepto Ghilas, los otros diez jugadores cordobeses se afanaban en armar dos muros defensivos frente a la portería de Juan Carlos, fiándolo todo a una transición rápida en la que el delantero argelino pudiese poner en apuros a Sergio Rico. Así, el balón pasó a ser casi un monopolio sevillista, que acabó la primera mitad con un 73% de posesión a su favor.
Esa doble cota de malla daba resultados, pues se llegaba al minuto 38 con empate a cero y solo un remate más para el Sevilla que los intentados por el Córdoba (5-4), enfrentándose Juan Carlos a solo dos disparos entre los tres palos, por uno con el que tuvo que lidiar Sergio Rico.
El primer disparo a portería llegó en el minuto cinco, en un buen saque de banda desde la izquierda que peinó Iborra para que Bacca le cediese el cuero a un Reyes que, con mucha puntería y poca potencia, ajustó el cuero junto al palo derecho de Juan Carlos, donde se topó con este. Un Juan Carlos que volvería a actuar seis minutos más tarde ante un disparo de Iborra al primer toque tras un centro en largo de Pareja que prolongó Reyes. Esta vez, al balón le sobró la potencia y le faltó colocación para buscarle las cosquillas al meta visitante.
En el área contraria, las llegadas eran fulgurantes, aunque poco continuas. Eso sí, cada vez que Ghilas se plantaba con el balón en la frontal del área, la defensa sevillista sufría. La única ocasión en la que Sergio Rico se vio exigido fue en el minuto 17, cuando Ghilas, tras una excelente acción individual en la que controló el cuero rodeado de defensas rivales, sacó un disparo que el meta local detuvo sin problemas.
Tras este carrusel de llegada, los disparos de ambos equipos perdieron acierto y el juego perdió algo de fluidez, con un Sevilla que no encontraba grietas por las que colar su posesión y un Córdoba bien ordenado atrás pero falto de mordiente en sus contragolpes. Todo cambió en el minuto 38.
En el decimocuarto centro al área del Sevilla en el partido, fruto de un córner botado desde la izquierda por Reyes, Krychowiak se elevó en el límite del área pequeña para, de cabeza, establecer el 1-0. El propio jugador polaco buscó el doblete apenas un par de minutos más tarde con un disparo muy lejano que detuvo bien Juan Carlos. Pero el 2-0 estaba reservado para otro jugador.
Al filo del descanso, le cayó un pase en largo desde la línea defensiva a Vitolo que se marchó con muchísima velocidad hacia el área rival. Allí, sacó un disparo defectuoso que, sin embargo, sirvió para entretener al guardameta y a los centrales visitantes y dejar vía libre a un Bacca que siguió la trayectoria del balón para cedérselo a la red.
Con el gol se cerró la primera mitad y, en la segunda, el Córdoba salió con un doble cambio ofensivo, dando entrada Djukic a Bebé y Ekeng por Deivid y Zuculini. No le quedaba más remedio que arriesgar al técnico serbio ante un resultado que lo mantenía en los puestos de descenso.
Los primeros compases fueron positivos para los visitantes, enlazando por primera vez combinaciones largas que, sin embargo, no se traducían en acierto de cara a la portería. Un acierto del que sí parecía disfrutar su rival que, en los primeros cinco minutos, a punto estuvo de poner el 3-0 con una falta lateral botada por Reyes que Carriço remató completamente solo, de cabeza, al travesaño.
Pero no serían las acciones a balón parado de los locales las que acabarían de sentenciar el choque, sino un enemigo inesperado. En el minuto 53, Ekeng le daba, desde el suelo, una patada en la cabeza a Vitolo tras un salto de ambos que le valió la expulsión. Ni diez minutos había estado en el terreno de juego el camerunés y ya dejaba a los suyos en una situación harto complicada para revertir el marcador adverso.
Si quedaba alguna duda de la posible resolución del partido, esta desapareció a partir de ese momento. El partido tuvo ya un solo equipo, un Sevilla que jugaba con total comodidad ante un Córdoba falto de ideas y contundencia. Ni siquiera le sirvió a los Omeyas que se igualara el número de efectivos en el terreno de juego en el minuto 73 con la expulsión de Krychowiak por una aparentemente involuntaria aunque dura entrada con los tacos por delante sobre la rodilla de Krhin.
Y es que, solo tres minutos más tarde, la defensa califal volvía a dejar solo a un potencial rematador ante un centro al área y el 3-0 subía al marcador. Esta vez fue Iborra quien, completamente solo, entró con todo prácticamente hasta la red para que el cuero no le pudiera jugar las malas pasadas que ha sufrido en las últimas fechas de cara a la portería. El centro fue obra de Banega, que conseguía su primera asistencia en la Liga desde septiembre de 2013, precisamente en un partido contra el Sevilla. Poco más dio de sí el encuentro. El Córdoba ya había tirado la toalla y el Sevilla, que vuelve a encaramarse a la cuarta plaza, se limitó a anestesiar el choque para que Vicandi Garrido le diera muerte definitiva sin más dolor para su rival, que va a tener que ofrecer mucho más para salvar la categoría.

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