El argentino fue suplente pero su salida al campo cambió la cara a su equipo y acabó marcando el tanto de la victoria a su equipo ante unos colchoneros que necesitaron más pólvora.
El recuerdo de Anoeta planeaba sobre el Manzanares. Lionel Messi volvía a calentar el banquillo azulgrana y Luis Enrique volvía a calentar a Messi. O no. Porque el argentino, al que le gusta jugar siempre hasta en las pachangas de su planeta natal, está de enhorabuena por su reciente paternidad. El caso es que Luis Enrique tuvo que tirar de creatividad para montar un once competitivo en el Manzanares. Lesionado Bravo, Ter Stegen se convirtió en el guardameta titular y las bajas de Piqué y Alves fueron suplidas por Vermaelen y Sergi Roberto, además de la entrada de Rafinha por Messi en el ataque culé. Cambios normales en un equipo paranormal. Porque pueden cambiar los jugadores pero el patrón es el mismo.
Como su rival, un www.goal.com/es/teams/spain/129/atlético?ICID=HP_TN_2_4_2 que presentó su candidatura en Nervión y la legitimó esta noche por su valentía. Diego Pablo Simeone quiso repetir experiencia y apostó por Fernando Torres como compañero de diabluras de Antoine Griezmann y así desgastar a la zaga rival, como tan bien le salió en el Pizjuán. Con estos dos jugadores y la base del equipo al completo, la misión del conjunto rojiblanco en este encuentro era clara. Aguantar las embestidas somnolientas de toque y toque de los azulgranas y salir a morder cuando el jefe diga, o sea, don Gabriel Fernández Arenas, alias ‘Supergabi”. El capitán, que se mostró irregular la temporada pasada, ha devuelto al equipo ese carácter que le faltó y en apenas dos minutos de juego los rojiblancos lograron su primer remate, realizado por un Fernando Torres que buscó su golito de todas las maneras posibles durante la primera mitad.
El Barcelona fue mejor durante toda la primera mitad pero la zaga del Atlético es un frontón humano y siempre repelió las tentativas azulgranas. Sin Messi y con un Neymar un tanto despistado, tuvo que ser Iniesta quien se pusiera las botas de desatascador. Así, un genial pase del manchego a los quince minutos dejó completamente solo a Ivan Rakitic pero su disparo a bocajarro lo despejó como solamente sabe hacer él Jan Oblak. Esta ocasión supuso un serio aviso al conjunto rojiblanco, que junto líneas y aumentó sus intenciones de jugar al contragolpe. Pero al Barça le costaba un mundo pisar el área rojiblanca. Tuvo que ser mediante el arma atlética por antonomasia, el balón parado, como los azulgranas volvieron a meter el miedo en el cuerpo a los del Cholo, con un trallazo de Luis Suárez que se topó con el larguero tras un saque de esquina. Espabiló el Atlético en los últimos minutos con unos cuantos arreones. Pero insuficientes para animar el cotarro.
Pero un Atlético-Barça siempre es un partido especial, por historia y por espectáculo, y en los últimos tiempos también por intensidad. Y este duelo no podía ser menos. Fernando Torres, empeñado en marcar como fuera, cabalgó nada más comenzar la segunda parte tras un pase en profundidad para quedarse solo ante un Ter Stegen colgado del larguero y batirle con un disparo raso y cruzado. El Niño, que ya de niño tiene poco, celebró el tanto como si fuera el último y, ya de paso, enloqueció el partido. Porque apenas unos latidos más tarde, Neymar colocaba el empate en el marcador con un sublime lanzamiento de falta directa. El brasileño, pitado en el Calderón por sus gestos en el pasado enfrentamiento copero, se ha convertido en un auténtico especialista en marcar al Atlético y, sobre todo, en el Manzanares –seis goles, el que más con la camiseta azulgrana–.
Pero el verdadero protagonista del partido iba a ser Lionel Messi, principio y fin, amo y señor, prólogo y epílogo de este equipo azulgrana llamado a seguir haciendo historia. Con una combinación ultrasónica dentro del área rojiblanca con Luis Suárez en uno de los pocos bajones de intensidad que tuvieron los pupilos de Diego Pablo Simeone, el argentino se plantó solo ante Oblak y lograba su vigésimo tanto ante los rojiblancos en la Liga, su rival preferido en la competición. Con el 1-2, el Atlético se lanzó a por el empate pero con más ganas que calidad y el Barça se dedicó a contemporizar. Al final, victoria sufrida pero merecida de un conjunto azulgrana que tiene muy claro quién es el mejor del mundo: Lionel Messi.

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