Victoria y buena imagen se convierten en la mejor forma de limar asperezas para el equipo blanco tras su decepción liguera en San Mamés
Al Real Madrid, el regreso de la Champions League se le presenta como una tabla a la que agarrarse en una tormenta marina. Su derrota en San Mamés del pasado fin de semana le ha dejado en una situación algo compleja frente a su siempre exigente entorno. La pérdida del liderato en la competición doméstica y, sobre todo, la imagen ofrecida por el equipo y, en especial, por algunas de sus estrellas ha puesto en el punto de mira al equipo y, como es habitual en estos casos, a su cuerpo técnico.
De este modo, la visita del Schalke (el martes a las 20:45) en la vuelta de los octavos de final de la Champions se convierte en un buen paso para la reconciliación entre la plantilla y el Bernabéu. Bien sabe el Real Madrid que una gran noche europea cura muchas heridas. Tras el 0-2 cosechado en Gelsenkirchen, la eliminatoria parece propicia, aunque más le valdrá a los de Carlo Ancelotti no confiarse y salir a por todas al césped de la Castellana. No solo está en juego el pase a cuartos de final de "su" competición, sino el decisivo favor de su severa afición.
Una victoria y una buena imagen a buen seguro que limaría ciertas asperezas antes de un clásico liguero que ya se otea en el horizonte. Además, para este encuentro se espera como agua de mayo el regreso de dos piezas fundamentales en los esquemas del técnico italiano: Luka Modric y Sergio Ramos se han recuperado de sus respectivas lesiones. Aunque lo más probable es que ninguno de los dos sea de la partida, su mera presencia en la convocatoria se espera que sirva como un signo de cambio de tendencia, con la voluntad de levantar la moral de la tropa.
También los guarismos se alían con el equipo blanco en su propósito. Real Madrid y Schalke ya se han visto tres veces las caras y, si sumásemos todos sus resultados, el global daría un contundente 11-2 a favor de los merengues. Además, la dinámica madridista en la máxima competición difícilmente podría ser mejor, habiendo ganado 19 de sus últimos 21 partidos en el torneo (1E 1D, aunque esa derrota se produjera precisamente ante un equipo alemán, el Borussia Dortmund, en los cuartos de final de la última edición). Por si eso fuera poco, es el único equipo que ha ganado todos sus partidos en esta edición del campeonato.
También mantienen los de Ancelotti una portería inexpugnable durante los últimos cinco partidos de Liga de Campeones y han marcado al menos un gol en sus últimos 21 choques del torneo en casa. Son el equipo que más remata (134) y que más lo hace entre los tres palos (53). Datos abrumadores para un Schalke del que más de un aficionado madridista guarda una camiseta con el siete a la espalda por haberse convertido en refugio de su ídolo en tiempos difíciles.
Aunque los de Roberto Di Matteo golearon esta semana al 1899 Hoffenheim (3-1), ocupan una discreta quinta plaza en la Bundesliga y no han ganado un partido de Champions League en España desde que derrotaron al Mallorca en 2001, cosechando un empate y seis derrotas desde entonces. No cabe duda de que "Los mineros" se han ganado un nombre propio en Europa, llegando a las eliminatorias de Champions en cuatro de las últimas cinco temporadas (solo superados por el Bayern en ese aspecto entre los clubes germanos), pero aún les falta dar un golpe de autoridad que les sirva para ser recordados. Quizá piensen que la oportunidad de este martes sea propicia pero, para ello, deberán derrotar a un Real Madrid herido en su orgullo y que ya ha encontrado en el equipo de Renania del Norte-Westfalia el rival propicio para pagar los platos rotos en Bilbao.

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