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jueves, 9 de abril de 2015

Barcelona 4-0 Almería: Lionel Messi y Luis Suárez reafirman la nueva tesis culé



Alejados del juego excelso, dos individualidades y un testarazo de Bartra dieron el triunfo al equipo de Luis Enrique

El Barcelona ha alterado completamente su forma de entender el juego y de afrontar los partidos. En una época de agitación política y en la que fuerzas emergentes ansían continuar con el parón en la hegemonía de los dos grandes que abrió el pasado año el Atlético de Madrid, Luis Enrique ha ejercido del Tomasi di Lampedusa culé. Cambiar todo para que nada cambie. Así, el juego blaugrana se ha tornado en individualidades y el protagonismo del colectivo que trataba de externalizar Luis Enrique ha girado completamente para ceder relevancia a las genialidades de sus astros.

Nunca en los últimos tiempos se había visto a un Barça tan efectista. Quizá salvando alguna fase del periodo en que lo entrenó Tito Vilanova. Valga como dato los tres goles consecutivos que ha logrado a balón parado, una de sus peores facetas hasta hace bien poco. Ante el Almería fue Bartra, en las otras dos ocasiones Mathieu. El camaleónico conjunto azulgrana se ha puesto el mono de trabajo para copiar varios de los aspectos que condujeron al éxito el pasado año al Atlético de Madrid.

Sergi Barjuán se hacía cargo del banquillo del Almería en aquella banda donde tantas veces corrió para tapar a los extremos rivales. Tras Francisco y JIM (sin tener en cuenta al interino Miguel Rivera, que dirigió al equipo ante el Real Madrid), el ex del Recre tomaba el mando de la navío almeriense en uno de los campos menos propicios para sumar.

Sus consignas, acumular jugadores en la retaguardia y buscar que la rapidez de Thievy surtiese efecto ante la pareja de centrales azulgranas. Con novedades en todas las líneas excepto en la portería, el conjunto azulgrana afrontaba uno de esos partidos en los que la victoria se da por segura.

Sin embargo, en varios de estos choque es donde más han sufrido a lo largo de la temporada unos azulgranas que se terminarían marchando al descanso por delante gracias a la calidad de Messi. Al argentino, aún renqueante de su lesión, le falta su características chispa de velocidad, pero con su inteligencia y lectura del juego le basta para ser superior al resto.

Ante unos visitantes totalmente atrincherados atrás, sus precisos pases a la espalda pudieron servir para abrir la lata, pero tanto Luis Suárez como Pedro, ambos muy voluntariosos, carecieron de acierto. Así que ante esta tesitura tuvo que ser el propio Messi quien, en una de esos eslálones ya vistos centenares de veces, alojaba el esférico a la derecha de Julián.

1-0 y parecía que el partido definitivamente se abría. No fue así hasta el comienzo de la segunda mitad, cuando Xavi comenzaba a gustarse y Rakitic disfrutaba galopando. Pese a que la batería del de Tarrasa no le sirva para jugar 50 partidos al año, sigue siendo el factor diferencia. Lo fue en Vigo y lo continuó siendo. Su capacidad de adaptar el juego de su equipo a las necesidades del partido continúa siendo atormentadora para el rival.

En otro latigazo el Barça haría un segundo tanto que prácticamente suponía la sentencia del choque. Lejos ya del preciosismo en el juego, el equipo culé conserva patrones del juego, pero no sigue a la letra el ideario. Sin embargo, supera prácticamente cada circunstancia con individualidades. La metamorfosis emprendida por Luis Enrique ha convertido a su plantel en un equipo de jugadas y no de juego.

Cuando parece desconectado y con alas el Almería, había aparecido Messi. Cuando los visitantes ligeramente intimidaban el marco rival y hacían peligrar el empate, apareció Luis Suárez. El uruguayo, como buen ariete, vio cómo Casado reculaba para adentrarse en el área rival y con un zurdazo batir a Julián, que pese a que llegó a tocar el esférico vio como éste terminaba entrando en su portería. Tras el tercero, ya en la recta final Suárez hacía el cuarto y definitivo. 

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